Caserío Inazares. Moratalla (Murcia)
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PEREGRINANDO A CARAVACA DESDE INAZARES. Abril de 2017. Alessandro y Begoña.
PEREGRINANDO A CARAVACA DESDE INAZARES. Abril de 2017. Alessandro y Begoña.

Mi marido  y yo llevábamos tiempo queriendo hacer un “camino”. Nos encanta hacer trekking, disfrutar de la naturaleza y visitar lugares con un significado espiritual. Así  que, después de haber planeado muchas veces hacer el Camino de Santiago, al final nos  decidimos por ir a Caravaca…¡Qué buena idea tuvimos!

¿Y por qué desde Inazares? Porque queríamos hacer un camino natural, poco transitado, en  plena naturaleza y en tres etapas. Y porque al llamar a la casa de turismo rural de Inazares nos atendió una persona encantadora y llena de interés por nuestro proyecto que nos dio todo tipo de informaciones y facilidades: Nani.

Cristina, una amiga de Nani, nos pasó un track trazado por ella con las tres etapas. Así que el lunes de  Semana Santa salimos de nuestra casa de El Escorial, en la sierra de Madrid, y nos pusimos rumbo a Inazares.

La llegada fue impactante: primero un recorrido  maravilloso a lo largo de kilómetros de cerezos entre Calasparra y Caravaca, luego un camino de tierra, rodeado de campos cultivados y perfiles de sierras, hasta el final, para llegar al complejo rural de Inazares, una maravilla. Nan

i nos recibió y nos enseñó  nuestra casita, El Espliego. En ese momento todavía no sabía el significado que esa hierba aromática tendría a lo largo de todo nuestro camino.

El martes, por la mañanita temprano, nos cargamos las mochilas y nos pusimos en marcha hacia la Ermita de la Rogativa, por sendero de montaña. Un tramo precioso, con un aire fresco que nos acariciaba el rostro y aliviaba la fuerza del sol. Caseríos abandonados, ramblas, pinos, sabinas…Y en todo momento un horizonte lleno de montañas de las sierras vecinas, siempre a caballo entre Murcia y Albacete.

En la Rogativa hicimos la primera parada para descansar a la sombra de un olmo y dimos de comer galletas a un gatit
o abandonado que maullaba desconsoladamente desde el  tejado.

Después pasamos por u
na zona recreativa y continuamos camino hasta Arroyo Blanco. Sin habernos cruzado ni con un alma. Y allí vino el problema: no había  camino, no se reconocía la  vereda. Llamé a  Cristina, pero apenas había cobertura así que solo alcanzó a decirme que debíamos seguir la rambla del río. Y así lo hicimos, pero continuamos por debajo en vez de  subir en un momento dado.  Así que contemplamos el impresionante cañón del río desde abajo, metimos los pies en el agua y de repente  nos dimos cuenta de que estábamos perdidos. Tenía razón Alessandro, debíamos ir para arriba. Y allá fuimos subiendo una fuerte pendiente, hasta llegar a una zona abierta. Hacía calor, se nos había acabado el agua, estábamos agotados y no había cobertura, así que mientras yo descansaba Alex se fue a explorar y encontró un camino. ¡Bien! Camino arriba por una fuerte pendiente llegamos finalmente a la pista que conducía a Calar de la Santa. Campos de espliego nos rodeaban. Agotados y deshidratados llegamos a Calar de la Santa, directos al bar a beber agua y una cerveza. Y allí el dueño de Casas Luis nos recibió y nos condujo amablemente hasta El Nido, una casita acogedora donde por fin pudimos darnos una buena ducha y descansar.  Más de 25 kilómetros y 8 horas de marcha.

A la mañana  siguiente nos pusimos en marcha sobre las 10. En Calar conocimos a Pepe y Antonia, un matrimonio que tiene un Cortijo en Campo de  Béjar, nuestra tercera parada. Alojan a gente y él mismo nos indicó un camino diferente al que teníamos en nuestro track…Bueno, siempre se pueden descubrir nuevos caminos. Fuimos campo a través por un paisaje precioso de pino y almendros hasta llegar a San Juan. Comimos un par de latas en la puerta de la Ermita y hablamos con algunas vecinas. Luego nos pusimos de nuevo en marcha hacia Campo de Béjar, ya por la carretera. Durante un buen  rato pudimos abandonar la carretera e ir por el campo, ya que no nos gusta andar por el asfalto. El calor arreciaba y estábamos cansados después de hacer ya unos 18 kilómetros. Y en ese momento apareció Pepe, que nos hacía el favor de llevar parte de nuestro equipaje en el coche camino al Cortijo…y nos subimos para los últimos 3 kilómetros. Lo que más agradecí fue la botella de agua fresca que nos ofreció Pepe nada más montar en el coche…

Cortijo Vistalegre. El paraíso en la tierra, eso  nos pareció. Una edificación sencilla aislada en medio del campo, a un kilómetro de unas cuantas casas, rodeada de espliego, almendros y un aire purísimo y perfumado. No tengo palabras. Me  sentí enormemente privilegiada de estar allí, disfrutando de lo que nosotros consideramos un “verdadero lujo”. Allí nos dejó Pepe tan felices, descalzos,  caminando por los alrededores de la casa y admirando el entorno.

Después de ducharnos y descansar nos pusimos en camino, yo ya con los pies y las uñas muy perjudicados, al bar La Pava, donde teníamos previsto cenar. Estábamos ya pensando en lo que pediríamos cuando unos vecinos, sentados frente a una casa preciosa y debajo de un olmo, nos comunicaron que el bar estaba cerrado. Debieron vernos con tal expresión de consternación que nos invitaron a sentarnos con ellos y nos ofrecieron unas cervezas ¡con aceitunas y patatas fritas! (el máximo en materia de aperitivo) y nos brindaron una agradable y cordial charla. Nos enseñaron su casa y nos dieron huevos de corral, una barra de pan y dos naranjas: Aurelia y Pepe, os estaremos eternamente agradecidos. Encarnación, una amiga suya, nos recomendó visitar el bar EL 33 cuando llegásemos a Caravaca.

Así que nos despedimos cariñosamente y de vuelta al Cortijo dimos cuenta de los huevos y el pan, que nos supieron a gloria, y reservamos las naranjas para el desayuno. Noche silenciosa y tranquila en el Cortijo.

Y al fin llegó la tercera y última jornada.  Alessandro me hizo un vendaje especial en el dedo gordo del pie derecho, que presentaba la uña ya levantada.  De paso descubrí cuatro o cinco ampollas más en ambos pies…horrible. Me puse unas zapatillas de deporte, en vez de los zapatos de trekking, y nos pusimos en marcha. Precioso tramo por pista de tierra desde Vistalegre hacia Caravaca. Queríamos llegar a toda costa a la misa del Peregrino a las 12 en la Basílica de la Veracruz, pero no llegábamos a tiempo. Cuando quedaban 15 minutos para las 12 apareció el único vehículo  que vimos en toda la mañana, una furgoneta… ¡y la asaltamos! Paramos al señor que la conducía y le pedimos que por favor nos llevase corriendo a Caravaca. Y el hombre así lo hizo, amablemente.  Nos dejó a los pies del Castillo, y con los pies ya hechos puré y las mochilas nos lanzamos a subir las empinadas escaleras. La entrada en la Basílica fue impresionante. En ese momento estaban mostrando la cruz y yo rompí a llorar: a llorar de emoción por haber llegado, de dolor por no poder más con los pies rotos,  de satisfacción por haber superado el reto, de amor por mi compañero de viaje y aventuras y de agradecimiento a la vida por habernos dado la oportunidad de realizar este Camino.

Hubiéramos querido alojarnos en la Hospedería Nuestra Señora del Carmen, pero no  fue posible porque no había plazas, así que fuimos a la Hospedería La Almunia, que es muy agradable y está muy bien situada. Ya pertrechada con chanclas (como una verdadera guiri), nos fuimos a comer a EL 33, donde,  mira tú, nos encontramos con Encarnación, la misma señora que nos lo había recomendado. Deliciosos andrajos, espinacas, habas…..y cervecita fresca, para hidratarnos de nuevo.

Por la tarde la procesión, el encuentro de San Juan Evangelista y la Virgen Blanca, un excepcional  cantaor con su saeta y mucha gente conversadora, alegre, acogedora  y con ganas de disfrutar de la vida. Unas deliciosas tapitas en EL HORNO. Y no pudimos ver más de Caravaca porque yo ya no podía andar.

Y de nuevo Nani, la Nani del principio, tuvo la amabilidad de recogernos al día siguiente en su coche para llevarnos a Inazares, donde estaba nuestro coche esperándonos.

De vuelta a Inazares nos dimos cuenta de cuánto camino habíamos hecho y de cuánta gente nos había ayudado a hacerlo. Y de que Inazares era el mejor lugar del mundo para haberlo comenzado.

Buen camino a todos lo que buscáis. Nuestro corazón está entre Inazares y Caravaca ya para siempre.

Begoña y Alessandro

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